"Estoy de visita en Argentina, pero con muchas ganas de volver al pago", dice Leo Dan, y a renglón seguido aclara que se refiere a Buenos Aires y no a su Atamisqui (Santiago del Estero), donde nació hace 68 años bajo el nombre de Leopoldo Dante Tévez. El será la figura central del "Festival del recuerdo" que se realizará mañana a las 22 en el club Central Cordobán (avenida Alem 750).

El cantautor, creador de éxitos imborrables, reside en Miami con su familia. "Estoy esperando a que se componga este asunto de la inseguridad...", explica.

"Argentina tiene ese qué se yo, el encuentro con los amigos, el café y el asado... porque allá, yo trabajo cuando mis amigos descansan", comenta.

Leo Dan sigue componiendo, aunque ya no graba tanto, y desde hace al menos ocho años piensa en retirarse. "Editar discos ya no es rentable, y para difundir las canciones la única forma es actuar en vivo... pero cuando lo hago la gente me pide mis viejas canciones... Y sí, estoy cansado y hasta les cambio las letras para no aburrirme, pero el público se queja... ¡Yo soy el autor!", exclama del otro lado del teléfono.

Sabe que esta situación hace más difícil el trabajo de los nuevos artistas. "Internet ayuda, pero quién puede escuchar toda la música que hay ahí. La clave está en la televisión la radio y la prensa, peor no cualquiera llega hasta ahí", evalúa.

Leo Dan tiene unos 40 discos editados, más de 3.000 canciones registradas y cuenta que hay 1.600 versiones de temas suyos grabados por otros grupos o solistas a lo largo de estos más de 40 años de carrera. Tal vez el más notorio sea "Como te extraño mi amor", registrado por Café Tacuba.

"Voy porque me llevan"

"Es impresionante saber lo que pasa, porque uno ya está de vuelta", dice, y reitera que en el año 2000 le ya planteó a su familia la idea de dejar de actuar en vivo para dedicarse a componer y a producir a otros artistas.

"Mi hija me dijo: ?es mucho el dinero que tiraremos a la calle? (se ríe con fuerza). Y bueno, como esto me divierte y me hace feliz saber que divierto a mucha gente, continúo", explica.

Además, dice que no puede negarse a los pedidos de productores. "Voy porque me llevan; me gusta tanto lo que hago, que sería capaz de hacerlo sin cobrar...", señala y cuando se le advierte que a algún promotor le puede resultar interesante esa idea, remata: "no hay problema, ahora se paga por adelantado...".

Además, siente que a través de sus canciones puede predicar la palabra de Jesucristo. Leo Dan aclara que no es religioso, sino creyente, y que todos llegan al Padre a través de su hijo. "Mi boca tiene poder para elegir vida en lugar de muerte, abundancia en vez de miseria; todo depende de lo que pensemos o queramos si creemos en Dios", enfatiza el artista.

"Ser feliz es lo que me motiva a seguir, es lo que Dios me dio y lo tomo con buen humor con la idea de que todos seamos felices", insiste.

Antes de despedirse de LA GACETA hasta el sábado, Leo Dan pide enviar un saludo a los tucumanos, habla de la provincia y cuando está por sacar algún recuerdo del arcón, recuerda que es santiagueño y saca a relucir su picardía. "Que Dios bendiga a Tucumán y a su gente, y como buen santiagueño amo a las tucumanas...", saluda y vuelve a reírse con ganas.

Del pueblo al mundo

Hijo de una familia humilde de Atamisqui, Leo Dan se involucró con la música por decisión propia a los cuatro años, cuando aprende a tocar la flauta y la armónica. A los 11 tomó la guitarra y compuso sus primeras canciones. A los 18 años formó el grupo de rock "Los demonios del ritmo" junto con amigos de su edad, y dos años después se instaló en Buenos Aires con el deseo de triunfar. Está casado hace 44 años y tiene cuatro hijos, dos de los cuales se dedican también a la música en Miami, donde viven.